PALAOS

Palaos es uno de los destinos de buceo más mágicos del mundo y lucha por seguir así. Este remoto archipiélago del Pacífico ha convertido el 100% de su territorio marino en un santuario para proteger lo que se conoce como el Serengueti marino. Si llevar las gafas de buceo puestas mucho tiempo deja una marca temporal; los peces, el coral y el resto de seres vivos de estas aguas dejan huella para siempre.

Durante siglos ha pasado de mano en mano entre las grandes potencias extranjeras, pero ahora el diminuto Palaostraza su propia ruta a través de las aguas inciertas de la independencia nacional. Mientras EE UU sigue jugando a ser su hermano mayor, Palaos es dueño de sí mismo. En el 2014 el presidente Remengesau recibió el premio Campeones de la Tierra de las Naciones Unidas por reforzar la independencia económica y medioambiental y por convertir el 100% de sus océanos en un santuario marítimo. Su mensaje: “El medio ambiente es nuestra economía. Nuestra economía es nuestro medio ambiente”.

Reunidas tras una barrera de arrecifes de 110 km hay más de 200 islas calizas y volcánicas (solo ocho de ellas están habitadas) envueltas en junglas y manglares tropicales, y rodeadas de aguas muy ricas en vida marina. La temperatura, constante, y la escasez de lluvia hacen que cualquier momento sea bueno para visitarlas, aunque durante la última parte del año la zona es propensa a sufrir tifones.

Palaos tiene tanto que temer del aumento del nivel del mar y la degradación medioambiental como cualquier otra nación del Pacífico, pero aborda ese temor de frente y lidera los esfuerzos de conservación en la región. Esa actitud progresista hace de estas islas un refugio para el submarinismo y el buceo (uno de los mejores del mundo), así como para el kayak, la navegación a vela y la observación de fauna. El secreto se ha desvelado en el oriente asiático, por lo cual Palaos intenta limitar el número de turistas que pueden visitarlo cada vez.

Apodada como el Serengueti marino, las aguas de Palaos son de una diversidad espectacular y, sin duda, uno de los destinos subacuáticos más mágicos del mundo. Submarinistas y buceadores contemplan cientos de especies de peces y coral, tiburones, delfines, dugongos y tortugas, todos ellos atraídos por las corrientes nutritivas que confluyen en este rincón del Pacífico.

También se puede disfrutar de un paseo en kayak por el deshabitado archipiélago de las islas Chelbacheb. De una belleza casi alienígena, está compuesto por 445 formaciones calizas cubiertas de verdor y rodeadas de arrecifes. Casi 400 especies de coral, la mayor concentración mundial de lagos marinos, restos de antiguos asentamientos humanos y el continuo descubrimiento de especies nuevas y endémicas han llevado a la Unesco a declararlo Patrimonio Mundial.

En 1944, japoneses y estadounidenses combatieron durante tres meses para controlar el aeródromo de la isla de Peleliu. El resultado fueron más de 10 000 muertos japoneses y 2000 norteamericanos, y una isla paradisíaca llena de basura. Aún quedan muchos restos oxidados de tanques, aviones, armas de mano y (lo más peligroso) artillería sin explotar. Cada vez son más los turistas que, conducidos por expertos guías, visitan este lugar inquietante, donde se puede acceder a la red de cuevas que usaron los japoneses y descubrir artefactos que dejaron olvidados. No es tan macabro como parece: muchos de esos turistas llegan a la isla para rendir homenaje a sus antepasados caídos en combate y todos los desplazamientos son a pie, para conservar el entorno y su significado histórico.

Un aumento, año tras año, del 400% de visitantes chinos hizo saltar las alarmas en febrero del 2015 y resultó en una reducción del número de vuelos previstos desde China. El prístino medio ambiente de Palaos lo convierte en un destino muy popular para la jet set china, coreana y japonesa, pero los lugareños se han quejado de la falta de respeto por el entorno, que amenaza sus preciosos recursos.

El lago de las Medusas es una laguna de la isla Eil Malk, una de las islas Chelbacheb. Millones de subespecies endémicas de medusas doradas flotan en este lago marino siguiendo un patrón migratorio este-oeste que repiten cada día. Es tal la sensibilidad del lago que sus visitantes deben tramitar un permiso, pero practicar el buceo junto a estas inofensivas y fotogénicas medusas es una experiencia única en la vida.

ESTADOS UNIDOS

La mejor idea que EE UU jamás ha tenido cumple 100 años el año que viene: el National Park Service, que controla los 59 parques nacionales y cientos de espacios históricos, celebra un centenario custodiando Yosemite, Yellowstone, Badlands, Zion y el resto; así que es momento para atarse bien el calzado de montaña y lanzarse a recorrer la cuidadísima red de 340 000 km2 de paisajes espectaculares y surrealistas que protege desde cañones que desgarran montañas hasta humedales infestados de caimanes o géiseres espectaculares. Todo un triunfo nacional.

Yellowstone, Badlands, Shenandoah… Sus nombres ya evocan tierras de inspiración tolkieniana, tierras por donde camparían troles y dragones, tierras con magia. Al cruzar las puertas de los parques nacionales de EE UU uno enseguida piensa que, de haberlos conocido, Tolkien habría sido, si cabe, más imaginativo aún. Géiseres que disparan a cientos de metros de altura, enormes cañones que parten el horizonte en dos, manadas de bisontes pastando en valles y troncos de árboles gigantes tan antiguos como el Coliseo romano que se pierden en el cielo. Son algunos de los paisajes más espectaculares del planeta, y que estén tan bien conservados en esta nación que acumula tierras y adora las autopistas es un auténtico milagro. En el 2016 el National Park Service (NPS), el departamento del Gobierno que protege y conserva los 59 parques nacionales de EE UU y cientos de espacios históricos, cumplirá 100 años y, como buen anfitrión, ha hecho todo lo posible para que los parques luzcan en todo su esplendor en su centenario.

El historiador Wallace Stegner describió los parques nacionales como “la mejor idea que podíamos tener. Absolutamente americanos y absolutamente democráticos, reflejan lo mejor del país”. Son tesoros nacionales. Desde su creación, el NPS (cuya imagen más conocida es la figura de los guardabosques) se ha dedicado a limpiar los parques, apagar incendios, proteger la fauna e informar sobre todo lo que le concierne, desde el hábitat del oso negro americano hasta la geología de los arcos de arenisca de Utah.

Este centenario no va a celebrarse con una tarta y un puñado de globos, sino con una inversión de miles de millones de dólares y con ambiciosas iniciativas que prepararán al NPS para su segundo centenario: desde el desbrozamiento de senderos, mejoras en la accesibilidad e instalaciones de la última tecnología hasta celebraciones de eventos de ‘descubrimiento’ en los que participarán miles de jóvenes a través de programas de voluntariado y promociones para el disfrute de los parques en las comunidades urbanas.

Es mucho trabajo con un objetivo maravilloso: el descubrimiento de los parques nacionales. Los imponentes acantilados de granito de Yosemite, los claustrofóbicos cañones de Zion, los humeantes pantanos de los Everglades, lobos que aúllan, cóndores que planean, glaciares que refulgen… Hay 340 000 km2 donde elegir. Y mientras el viajero se ata las botas, que recuerde dar las gracias a los incansables trabajadores del NPS.

La tercera nación más grande del mundo es un paraíso para recorrerlo en automóvil. Mientras se avanza por las carreteras por donde circularon Thelma y Louise o Bonnie y Clide, se ve cómo el paisaje se transforma de pradera en desierto y después en una carretera oceánica. Por el camino, un montón de curiosas atracciones, pequeños restaurantes de pueblo y lugareños curiosos son el aliño del gran viaje americano por carretera.

BOTSUANA

Democrática, progresista, culta y, sobre todo, estimulantemente salvaje. La inspiradora historia de Botsuana es un viaje desde la pobreza hasta convertirse en una de las sociedades más estables y prósperas de África. El país conmemorará en el 2016 el 50º aniversario de su independencia y tiene mucho que celebrar, también la forma en la que ha equilibrado su crecimiento económico con la protección de sus riquezas naturales. Que el viajero se prepare: es un viaje que le dejará boquiabierto.

En el 2016 Botsuana celebrará sus 50 años de independencia. “¿Y es para tanto?”, puede pensar el lector. Pues sí, es para mucho: no solo se trata de la democracia multipartidista más longeva del continente; además, tiene una política social progresista (fue uno de los primeros países en ofrecer medicamentos antirretrovirales a sus ciudadanos, en el 2002), índices mínimos de corrupción, una industria turística saludable y cultivada y una economía que no deja de crecer desde la independencia del país. La evolución de Botsuana desde la pobreza más abyecta en 1966 hasta convertirse en una de las sociedades más estables y prósperas del continente es de lo más inspirador y, sin duda, merece todos los elogios.

Pero eso no es todo. Botsuana es un destino único: una inusual combinación de desierto y delta que atrae a una inmensa concentración de fauna. Es salvaje, prístino y extenso. Un 17% del país está dedicado a parques nacionales, muchos de los cuales se extienden hacia los vastos parques transfronterizos del Kavango-Zambezi y el Kgalagadi. Esta dedicación por conservar algunas de las últimas zonas salvajes del planeta fue reconocida en el 2014, cuando la joya de la corona de la conservación en Botsuana, el delta del Okavango, se convirtió en el sitio número 1000 de la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco. A pesar de tanto elogio, Botsuana sigue fuera del mapa para muchos viajeros. La impresión es que parece un lugar remoto y no apto para familias; pero no es verdad. ¡Hay que ir ya! En avión, en automóvil o en mokoro (canoa); en la temporada fértil o en la seca, siempre es genial; al Vumbura Plains Camp o al Jao Camp, si hay dinero, para hacer el viaje de una vida, o a tomar parte en los proyectos comunitarios de Tsabong Camel Park o Moremi Gorge si el presupuesto es más ajustado; de luna de miel de ensueño a la laguna Zibandianja, en Linyanti, o de aventura a caballo por la Reserva de Mashatu; a ver elefantes en el mini Serengeti de Savuti o suricatas en los salares de Makgadikgadi; solo, para estudiar en la Okavango Guiding School, o con los niños para disfrutar del premiado safari familiar de Ker & Downey (Safari Awards 2015). Sea como sea, nadie se arrepentirá del viaje. Palabra de honor.

Botsuana ofrece tantas experiencias que le cambian a uno la vida que sería más fácil listar las que no lo hacen. Su naturaleza primigenia permite vivir emociones muy intensas, ya sea a bordo de una mokoro con un remero africano entre manadas de hipopótamos al sol en el delta del Okavango, descubriendo el espíritu de los primeros humanos en el arte rupestre milenario de Tsodilo, o en la belleza fantasmal de los antiguos baobabs de isla Kubu iluminados por las constelaciones de un cielo nocturno inmenso.

El “botellón de aparcamiento”. Gracias a la tasa del 30% sobre las bebidas alcohólicas y la nueva regulación de horarios, que obliga a los locales nocturnos a cerrar a las 2.00, la fiesta en Gaborone se ha trasladado al aire libre, apoderándose de los aparcamientos suburbanos. Allí pinchan DJ improvisados para que baile el personal, bien equipado con minineveras y tumbonas de camping.

JAPON

Japón… Aunque esté en segunda posición en los rankings de este año, siempre es el número uno para los viajeros que buscan una experiencia totalmente distinta. No hay otro lugar en la Tierra que ejemplifique el manido cliché “moderno pero antiguo” como la tierra del sol naciente. La exitosa oferta de Tokio para albergar los Juegos Olímpicos del 2020 ha hecho subir la temperatura a una ciudad febril en pleno nuevo desarrollo; pero más allá de las ciudades, Japón sigue tan elegante y cautivador como sus bellos templos de madera.

Aunque ya se conozca Japón, lo cierto es que es el país número uno del mundo para vivir una experiencia viajera fuera de lo común. Sus ciudades son expertas odas al futurismo, con trenes que pasan en un abrir y cerrar de ojos, y torres de metal y cristal bañadas por luces de neón. El campo también parece otro mundo, con paisajes que reúnen todos los continentes, mezclando picos alpinos con playas espectaculares. Y en medio de todo ello, los elegantes templos de madera, recuerdo constante del peso de la tradición, oculto tras la seductora capa de perfección tan propia del país.

Aunque Japón fracasó en su intento olímpico por los Juegos del 2016, logró un triunfo avasallador para los del 2020 con la candidatura de Tokio. Y la fiebre olímpica ya se nota en la capital, inmersa en una compleja proeza de planificación urbana que creará un nuevo barrio comercial, una nueva villa olímpica y –lo más llamativo– trasladará el venerado mercado de pescado de Tsujiki, que mueve más de 20 millones de dólares diarios en marisco y pescado, a un flamante nuevo recinto cuya inauguración está prevista para finales de este año. Ahora que la paranoia radioactiva ha disminuido, cinco años después del catastrófico terremoto y tsunami de Tohoku, y tras los continuos esfuerzos del Gobierno por devaluar el yen, es el momento ideal para descubrir un país que rinde tributo a la modernidad más absoluta y a la historia más sagrada.

Una de las rutas de peregrinaje más famosas del mundo después del Camino de Santiago es la del Kumano Kodo, cerca de Osaka. Durante más de un milenio, devotos de todas las clases sociales, desde campesinos hasta emperadores, recorrían templos Oji escondidos y bosques de árboles fantasmales para llegar a los tres grandes centros de oración de Kumano. Hay un montón de senderos diferentes que se extienden como radios por toda la península de Kii, pero el objetivo va unido al acto de penitencia espiritual de los excursionistas, que avanzan sin desfallecer. La ruta preferida, y también la más antigua, es Nakahechi, que parte del oeste y recorre 30 km hasta los santuarios. La Unesco reconoció oficialmente esta ruta en el 2004, y en los últimos 12 años ha vivido un aumento constante de su flujo turístico.

Los cafés de animales. Los cafés de gatos se han extendido por todo el mundo, pero en Japón (el país donde surgieron) pasaron de moda en el 2009. Ahora lo que se lleva es codearse con cabras, tomar el té con tortugas, hacerse selfies con búhos y tomar chupitos de whisky contemplando pingüinos.

  • En Japón hay más de 5 millones y medio de máquinas de vending y ofrecen de todo, desde paraguas a cigarrillos, pan enlatado o fideos calientes.
  • El índice de natalidad del país ha caído en picado, hasta el punto de que se venden más pañales de adultos que de bebés (en máquinas de vending, también).
  • Se estima que se usa más papel para imprimir cómics (manga) que para fabricar papel higiénico (sorpresa: también se pueden comprar en las máquinas de vending).

¿Cafés donde acariciar búhos? ¿Máquinas de vending para comprar pan enlatado? ¿Gente que va al dentista a afilarse los colmillos? ¡Que el viajero elija!